La tragedia de los comunes (III): Oro, Bitcoin, y el futuro

Ha llegado el momento de retomar esta saga con la que dimos comienzo al blog. En la primera entrada hablamos brevemente sobre algunos aspectos del impacto ambiental de la humanidad desde sus orígenes hasta el siglo XIX. En la segunda, por su parte, llegamos hasta las cumbres sobre cambio climático. En esta ocasión vamos a hablar sobre economía.

Desde las monedas de oro hasta el Bitcoin

El dinero es una herramienta para facilitar el intercambio de bienes y servicios. Desde que se inventó la acuñación de moneda, los metales preciosos han estado fuertemente vinculados al valor del dinero. Sin embargo, las divisas modernas no funcionan así.

El patrón oro

Habitualmente, el oro era clave en el comercio internacional. El valor de las monedas de los países dependía de sus reservas de oro. Es más, algunos países establecían un valor fijo del oro en su divisa. Sin embargo, este sistema se rompió al comienzo de la Primera Guerra Mundial. El gasto masivo en armamento supuso que los países limitaran el acceso a este valioso metal, y se endeudaran para sobrevivir a la guerra.

En 1944, en los Acuerdos de Bretton Woods, se determinó que el dólar estadounidense tuviera una tasa de conversión estable con el oro, de 35$ por onza. Esto impulsó el uso de esta divisa para el comercio internacional, consolidando a EE. UU como primera potencia mundial. Las demás monedas tenían un mayor o menor valor con respecto al dólar en función de su balanza comercial (la relación del valor entre exportaciones e importaciones), y los gobiernos podían depreciarla o revalorizarla comerciando con oro o dólares.

Un gran hotel de 5 plantas, con dos torres, y un gran campo de césped con colinas en la entrada
Hotel Mount Washington, en Bretton Woods, donde se realizó la conferencia en 1944. Fuente: Wikimedia

Las guerras mundiales supusieron la pérdida de millones de vidas humanas. También, aunque menos importante, provocaron la destrucción masiva de bienes materiales. La combinación de esto último junto al desarrollo tecnológico y los movimientos socialdemócratas ocasionaron que entre 1914 y 1970 las desigualdades económicas en Occidente fueran históricamente bajas. A partir de 1970, la reducción del crecimiento económico y las reformas políticas supusieron que desde entonces la desigualdad y la acumulación de capital por parte de las grandes fortunas se acelerara ["La economía de las desigualdades", Thomas Piketty] Pero mejor lo dejo para otro artículo.

A finales de los años 60 la economía de EE. UU empezó a tener problemas. Su balanza comercial entró en déficit y el gasto del gobierno se disparó como consecuencia de la guerra de Vietnam. Este hecho, unido a que la economía global crecía más rápidamente que la extracción de oro, hacía cada vez más difícil mantener el tipo de cambio. Por tanto, en 1971 Richard Nixon decidió que EE. UU abandonase el patrón oro. Vistos los problemas que había tenido este país, ningún otro se atrevió a fijar una conversión.

El dinero fiduciario

Desde 1971, todas las divisas pasaron a ser fiduciarias. Esto quiere decir que su valor no está respaldado por ningún bien tangible, sino por la confianza en su aceptación por parte de otras personas (físicas y jurídicas). También se usa el término dinero por decreto, (o en inglés fiat money), que indica que el uso de una moneda ha sido impuesto por uno o varios Estados.

Cada divisa está gestionada por un banco central, un organismo (teóricamente) independiente del poder político que se encarga de emitir (ya sea en efectivo o mediante apuntes contables) la moneda y controlar su circulación. Los bancos centrales prestan dinero a los bancos privados, que a su vez pueden generar más dinero para prestarlo a ciudadanos, empresas e instituciones. Se trata de un sistema de banca de reserva fraccional, puesto que los bancos privados pueden prestar más dinero del que tienen guardado en depósitos. El banco central puede modificar su valor cambiando la tasa de interés, aumentando y disminuyendo la emisión de moneda, e intercambiándola por otras monedas, ya sea en el mercado de divisas o mediante acuerdos con otros bancos centrales. Los bancos centrales normalmente tienen la misión de garantizar la estabilidad del sistema bancario y una inflación baja (en el caso del Banco Central Europeo, su política monetaria es una tasa del 2% anual a largo plazo)

EL símbolo del euro iluminado en azul con estrellas amarillas alrededor delante de rascacielos de acero y cristal
Banco Central Europeo, Frankfurt, Alemania. Foto de Masood Aslami en Unsplash

El dinero fiduciario resuelve varios de los problemas de las monedas respaldadas por mercancías. Permiten que la inflación no dependa de la producción de ningún bien en particular (véase la explotación de oro y plata por la conquista de América) y simplifican la devaluación. Sin embargo, nos obliga a confiar en los bancos privados, además de los bancos centrales, que pueden ser fácilmente manipulados por parte de los gobiernos (ejemplos: [1],[2])

A pesar de que el oro ya no es el pilar fundamental de la economía, se sigue considerando como una inversión segura. La extracción de oro es una de las actividades mineras más contaminantes. Actualmente, cada kg de oro producido supone la emisión de 14 000 kg de CO2.

En 2009, un programador bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto creó el Bitcoin, la primera criptomoneda. No fue una idea totalmente novedosa, pero los antecedentes de divisas no fiduciarias totalmente digitales fracasaron. El concepto se basa en crear una divisa digital descentralizada, controlada por algoritmos y un consenso comunitario. La emisión de moneda disminuye progresivamente con el tiempo (la inflación disminuye) según unos valores prefijados que nadie puede manipular. Bitcoin emplea criptografía [3],[4] y la cadena de bloques (blockchain), un registro público de transacciones. También aporta privacidad, ya que sólo se puede conocer la propiedad de una cuenta de Bitcoin si su dueño decide revelarla. Hay otras criptomonedas con un mayor grado de anonimato, pero eso mejor lo dejamos para otro artículo.

Los símbolos de varias criptomonedas, cada uno en un rectángulo negro
Foto de Mariia Shalabaieva en Unsplash

Ahora bien, ¿cómo se consigue la descentralización de Bitcoin? Mediante el algoritmo de prueba de trabajo (proof of work) Los servidores que mantienen la cadena de bloques actualizada compiten resolviendo cálculos matemáticos complejos (SHA-256). A cambio, se reparten los nuevos bitcoins emitidos y las comisiones por transacciones, en función de la potencia de cálculo empleada. Se les denomina mineros, en alegoría a la extracción de oro. La cadena de bloques solo se puede modificar por un consenso de más del 50% de la potencia de cálculo del sistema.

En caso de discrepancia, la cadena se bifurca. Esto supone que los propietarios de Bitcoin ahora cuentan con dos divisas. En este momento, entra en escena la ley de la oferta y la demanda. Los poseedores pueden apoyar una de las dos monedas vendiendo la otra. Al momento de escribir esto, la bifurcación más valorada de Bitcoin tiene un precio de menos de 1/200 respecto al original. También se han producido bifurcaciones en otras criptomonedas, como Ethereum.

Ahora bien, esto supone que el sistema está diseñado para ser ineficiente. A medida que el precio del bitcoin aumenta, resulta más interesante participar en la prueba de trabajo, lo que aumenta el consumo global de potencia de cálculo (y, por tanto de electricidad) Según la Universidad de Cambridge, el consumo de electricidad de Bitcoin en 2025 equivale al de Sudáfrica.

Entre 2019 y 2022 las principales fuentes son carbón, gas, hidroeléctrica y nuclear
Fuentes de energía consumidas por Bitcoin. Fuente: Universidad de Cambridge

Ahora bien, no todas las criptomonedas funcionan de la misma manera. También existe el algoritmo de prueba de participación (proof of stake), según el cual el peso de cada usuario es proporcional a la cantidad de la criptomoneda que conserve depositada (normalmente no se puede transferir durante un determinado tiempo) En este sentido, funciona igual que un banco central estableciendo una tasa de interés, aunque las decisiones las toman los "accionistas mayoritarios" de la criptomoneda. Otra posibilidad es emplear un trabajo computacional útil, como Gridcoin, que otorga criptomonedas a cambio de donar capacidad de procesamiento de tu ordenador a la ciencia mediante BOINC (ya hablé de ello en un artículo anterior) También tenemos criptomonedas relacionadas con el uso de IA, como Qubic, pero ya hablaré de esa tecnología cuando acabe con las cripto (y no precisamente para alabarla)

Anteriormente, cuando se creaba una nueva criptomoneda, sus autores buscaban formas de distribuir una parte gratuitamente(airdrop) a aquellas personas interesadas, con el fin de promover su uso. Sin embargo, a partir de 2013 estas emisiones iniciales comenzaron a realizarse a cambio de dinero, las llamadas Initial Coin Offerings (ICO), con la excusa de financiar futuros desarrollos para aumentar el valor de la criptomoneda, igual que la salida de empresas en las bolsas de valores. Sigue habiendo airdrops, sí, pero a cambio de invitar a otras personas o hacer publicidad en redes sociales para dar a conocer la nueva moneda.

Tres dados con las siglas NFT sobre un procesador y billetes de dólar
Foto de Andrey Metelev en Unsplash

Una vez más, el capitalismo logró expandirse hacia nuevos sectores. Me parece estupendo que de ese modo se crease una nueva incubadora de proyectos novedosos, ahora bien, ¿Cuántas de estas ideas realmente han logrado extenderse y dar lugar a productos novedosos y útiles? La industria de las criptomonedas ha contribuido a fundar y financiar Bluesky, aunque esta red social no utiliza ni la cadena de bloques ni criptomonedas, y promete que no lo hará (ver enlace anterior). IPFS, un protocolo para almacenar y transmitir de forma descentralizada, similar a BitTorrent, pero más potente, seguramente no existiría si su autor no hubiera creado antes la criptomoneda Filecoin. Tampoco es una tecnología que haya tenido muchas aplicaciones en el mundo real hasta ahora. Ha habido otras ideas, como los NFT y los contratos inteligentes, con apenas usos prácticos.

Las criptomonedas prometían ofrecer sistemas de pagos más seguros, baratos y rápidos. Las transacciones internacionales se llevan a cabo mediante el sistema SWIFT, que es caro, lento (2-5 días) e incluso peligroso. En realidad, sus usos mayoritarios hasta ahora han sido apuestas, especulación, blanqueo de dinero, narcotráfico, estafas y hasta asesinatos por encargo. Tampoco se trata de culpar al arma en lugar de a quien la usa, pero lo cierto es que la utilidad de las criptomonedas para el ciudadano común es muy limitada, tal y como hemos visto. No parece mucho teniendo en cuenta que solo Bitcoin consume la misma energía que 65 millones de personas.

El sistema financiero tradicional

La parte del sistema financiero que opera con monedas fiduciarias tampoco se libra de perjudicar al medio ambiente. Me ha resultado difícil encontrar información al respecto, porque la mayoría de las webs analizan el impacto del calentamiento global sobre el sistema financiero, y no al revés. La prioridad está clara.

El impacto ambiental más evidente del sistema financiero es el que genera la emisión y circulación de efectivo. No he podido encontrar información sobre las monedas, pero sí que los billetes de euro tienen un impacto mínimo. Los pagos con tarjeta pueden reducir ese impacto siempre y cuando no supongan emitir más recibos. Desde que se puede operar con el móvil el impacto es aún menor, al no necesitar la emisión de una tarjeta física.

El principal problema no está en el impacto ambiental del sistema financiero en sí, sino en cómo la economía afecta a las decisiones medioambientales. El principio "quien contamina, paga" en muchos casos es más un ideal que una realidad. En Occidente las autoridades determinan las Mejores Técnicas Disponibles (MTD, en inglés se usan los términos BAT y BREF), obligando a usar los procesos industriales más eficientes y con menor impacto ambiental según la tecnología disponible. Sin embargo, muchas multinacionales evaden estas normas deslocalizando la producción, lo que además incrementa las emisiones por transporte. Así que el argumento de lo mucho que contaminan India y China no sirve como excusa para eludir responsabilidades, porque una parte importante se debe a los productos que importamos desde otros países.

La economía del futuro

Bancos centrales de todo el mundo están impulsando sus propias monedas digitales. Sin embargo, entre los proyectos es habitual establecer límites para evitar que los bancos tradicionales pierdan sus depósitos. Está por ver si este sistema permitirá pagos anónimos en pequeñas cantidades o no. En cualquier caso, los bancos centrales aseguran que no tienen la intención de eliminar el dinero en efectivo, sino competir con las criptomonedas, y disminuir la dependencia de empresas como Mastercard y Visa.

Facebook intentó crear su propia moneda digital, anunciando Libra (posteriormente renombrada como Diem) en 2019. A pesar de contar con el apoyo de empresas financieras, de criptomonedas, procesadores de pagos y más, el proyecto fracasó ante las suspicacias por parte de gobiernos y el público.

Mastercard, PayPal, Stripe, VISA, Coinbase, eBay, Spotify, Uber, Vodafone y más
Los 28 organismos fundadores de Libra

Sin embargo, lo cierto es que ya tenemos empresas privadas emitiendo sus propias monedas. Cualquier empresa que ofrezca tarjetas regalo está cobrando por anticipado, emitiendo su propia divisa a cambio. Más preocupante es la existencia de las criptomonedas estables (stablecoins). Son un instrumento financiero para facilitar el intercambio entre criptomonedas volátiles y el dinero fiduciario. Fueron creadas con empresas privadas, que reciben depósitos en efectivo a cambio de emitir estas monedas, invirtiéndolos en activos financieros para obtener beneficios. Actualmente están regulados por la GENIUS Act de EE. UU (2025) y el Reglamento europeo sobre los criptoactivos (MiCA, 2023)

Hasta donde yo sé, no hay ningún proyecto para la creación de una moneda digital ni ningún otro activo financiero que regule el impacto ambiental. La única iniciativa es el mercado de derechos de CO2, que voy a tratar a continuación.

Economía, ecología y desigualdad

Una de las mejores formas de evitar la sobreexplotación de los recursos naturales sería mediante un sistema económico que los reparta. Para ello, se está implementando, especialmente en la Unión Europea, un mercado de derechos de emisión de CO2. Las empresas reciben una cierta cantidad de derechos gratuitamente según su actividad. Las compañías más eficientes pueden vender los derechos sobrantes a otras que hayan superado su cuota, generando un incentivo para contaminar menos. Con el tiempo, se emiten menos derechos de emisiones, lo que incrementa su precio y por tanto la presión por mejorar el impacto ambiental.

Ahora bien, ¿Cómo afecta este sistema a la sociedad? Perjudicando a los más pobres. El coste se acaba trasladando al comprador final. Y, como todo impuesto al consumo, es regresivo, es decir, se cobra un mayor porcentaje de sus ingresos a las personas con menos ingresos. Del mismo modo, las restricciones a la movilidad de los vehículos antiguos no perjudican a quien cambia de coche con frecuencia, y se subvencionan los vehículos eléctricos, que son más caros que los de combustión. Es más, las restricciones de emisiones han encarecido los coches contaminantes, aunque la mayor parte del aumento del precio se debe a que los fabricantes de vehículos buscan aumentar sus márgenes de beneficio.

Si queremos que el sistema sea justo, debe penalizar a quien más contamina independientemente de su capacidad económica. Pero claro, eso no lo permitirán las élites si pueden evitarlo.

El meme de "el problema es el capitalismo"

Prácticamente la totalidad de las medidas gubernamentales para la protección del medio ambiente están orientadas a la transición energética: construir plantas eléctricas renovables, instalar baterías, reemplazar automóviles, producir hidrógeno y biocombustibles, etc. Emplear tecnologías más limpias es fundamental, cierto, pero insuficiente. Es necesario crear incentivos para la reducción del consumo, o si no, la paradoja de Jevons nos acabará pasando factura tarde o temprano. No se pueden solventar los problemas del desarrollo tecnológico únicamente con más desarrollo tecnológico. El sistema capitalista actual requiere de un crecimiento infinito para continuar funcionando, y apenas se están buscando soluciones a este problema. Es más, necesita un crecimiento poblacional que cada vez es más complicado mantener. Para proteger el medio ambiente necesitamos una transición económica, hacia un modelo productivo que promueva la creación de bienes y servicios duraderos y sostenibles.

Transición ecológica eficaz y justa

Mi propuesta es un sistema con dos monedas. Por una parte, se seguirán conservando las divisas fiduciarias actuales. En un mundo idílico, éstas representarían el valor del esfuerzo humano. Por otra, una nueva moneda que represente el impacto ambiental. Cada mes se emitiría una determinada cantidad de esta moneda, que se consumiría al adquirir bienes o servicios contaminantes.

Soy consciente de que reconstruir toda la economía para crear un sistema híbrido es algo increíblemente complejo y que puede causar muchos problemas. Por tanto, habría que empezar por algo mucho menos ambicioso. Ampliemos el mercado de derechos de emisión de CO2 para involucrar a toda la población en la descarbonización. Pero convirtámoslo en un sistema progresivo, de forma que los que más contaminen ayuden económicamente a los más pobres a llevar una vida más sostenible.

Para que el sistema sea verdaderamente disuasorio para todos, los impuestos deben incrementarse no de manera lineal, sino geométrica. En España (que no es ni de cerca uno de los países más desiguales) el 1% de la población emite 27 veces más que el 10% menos contaminante (ver gráfico). El 1% más rico concentra el 26% del patrimonio. Y no solo eso, sino que pagan menos impuestos porcentualmente.

Se observa cómo la emisiones aumentan exponencialmente a partir del percentil 90-95 de consumo, especialmente en el transporte
Fuente: Informe de BBVA Research

Si queremos que la lucha contra el cambio climático sea un esfuerzo colaborativo de todos, y no otra forma más de exprimir a los más pobres, un solo viaje en jet privado debería costar millones de euros en impuestos. El coste de electricidad, agua, combustible... debe aumentar exponencialmente con el consumo a partir de cierto nivel. Puede parecer injusto, pero, al contrario, es lo más equitativo. Para alguien que ingresa miles de millones de euros al año, un viaje en avión privado le supone menor esfuerzo que un billete de metro a alguien con el salario mínimo, y eso no puede seguir siendo así. Es necesario aplicar medidas globales, o los grandes magnates seguirán destrozando el planeta desde paraísos fiscales. Los países más ricos deben ayudar a los más pobres a realizar la transición ecológica y económica. No se trata únicamente una cuestión de solidaridad, sino también de responsabilidad, puesto que las grandes potencias sacan provecho de los recursos naturales y mano de obra de los países en desarrollo.

No se trata de eliminar la desigualdad, sino de crear un sistema que reparta el esfuerzo de proteger el medio ambiente. Es una vergüenza que mientras millones de personas pierden acceso a la electricidad, unos pocos impulsen el turismo espacial. Para evitar la tragedia de los comunes, todos debemos involucrarnos en cuidar la naturaleza, especialmente aquellos que más contaminan. Resulta muy ingenuo confiar únicamente en la voluntad de las personas.

Próximamente

En la siguiente entrada analizaremos el impacto medioambiental de la Inteligencia Artificial. Es posible que en el futuro escriba otra entrada sobre el mercado laboral y más medidas para proteger los ecosistemas.