La tragedia de los comunes (II): Caballos y calentamiento global

La tragedia de los comunes (II): Caballos y calentamiento global
El inexorable aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera

Las primeras ciudades irrespirables

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A principios del siglo XX, había tantos caballos en las grandes ciudades que su presencia empezaba a ocasionar serios problemas en la ciudad. Hay registros de atascos en Londres a partir del año 1900. Además, el estiércol y los cadáveres de caballos que fallecían durante los trayectos ocasionaban graves problemas sanitarios. 

Una plaza de Londres en blanco y negro en 1910. Hay bastante tráfico, una mezcla de carruajes tirados por caballos, coches, autobuses de dos plantas(con la planta superior al descubierto) y peatones.
Caballos, vehículos a motor y peatones en Londres en 1910.

Los problemas que ocasionaban el uso masivo del caballo como medio de transporte, especialmente en las grandes ciudades, contribuyeron al auge del automóvil. De ese modo, los excrementos en las calles se sustituyeron por los tóxicos gases de combustión, cuyo efecto perjudicial quedaba disimulado al disiparse en el aire, camuflado por el humo de las cocinas, calderas y chimeneas de las fábricas.

La contaminación atmosférica de las ciudades

En diciembre de 1952, de nuevo en Londres, un frío inusual unido al fenómeno de inversión térmica de la atmósfera provocó que la ciudad se enfrentará a una niebla gris densa cargada de hollín, azufre y otros productos químicos muy nocivos. Este fenómeno, conocido como la Gran Niebla de Londres, causó alrededor de 4000 muertes y 100 000 enfermos. A lo largo de las semanas y meses siguientes, 12 000 personas murieron como consecuencia de los efectos nocivos de la niebla. La ciudad se vio sumida en la oscuridad incluso durante el mediodía y las personas ciegas ayudaban a los demás a orientarse para poder circular por las calles. Los cines y otros espectáculos cerraron, puesto que la niebla se colaba en los edificios e impedía ver el escenario.

La columna de Nelson y los edificios al fondo, a pesar de estar muy cerca, apenas se distinguen como consecuencia de la niebla.
Plaza de Trafalgar, Londres, 1952.

 El smog, también llamado niebla contaminante, es un fenómeno producido por la acumulación de contaminantes atmosféricos a baja altura. Está causado por las emisiones de azufre y hollín (smog gris) y por las reacciones químicas de otros contaminantes catalizadas por la radiación solar (smog fotoquímico

Como consecuencia del smog, los países desarrollados fueron creando poco a poco leyes que limitaban la quema de carbón en ciudades y las primeras normativas de calidad del aire, como la clean air act de 1956.  

Las primeras normativas contra la polución atmosférica redujeron el efecto del smog en las grandes ciudades, aunque no tuvo efecto inmediato ni fácil. Reemplazar las calderas y cocinas de carbón por combustibles más limpios, y desarrollar motores y catalizadores más ecológicos llevó un tiempo, y a veces el efecto quedaba contrarrestado por el aumento de vehículos y calderas. Mientras los cielos de las ciudades occidentales se despejaban, nadie le prestaba atención a otro gas por ser incoloro, inodoro y aparentemente inofensivo, a pesar de tratarse del principal producto de la combustión: el dióxido de carbono.

Descubrimiento del efecto invernadero

El efecto del dióxido de carbono en la atmósfera ya era conocido desde el siglo XIX. Ya en 1890, Arvid Högbom estimó que las emisiones de dióxido de carbono por fuentes naturales eran comparables a todas las emisiones que se producían de forma natural. Y en 1896, Svante Arrhenius predijo que, si la concentración de CO2 en la atmósfera se duplicase, la temperatura media global del planeta subiría entre 5 y 6ºC. Sin embargo, al ritmo al que se quemaban los combustibles fósiles en aquella época el calentamiento sería muy lento, y no se conocían las consecuencias que esto supondría para el clima [1][2].

Retrato de Svante Arrhenius con bigote, un traje y pajarita.
Svante Arrhenius (Fuente: Wikimedia)

En décadas sucesivas, la investigación al respecto continuó, aunque las previsiones variaban. La falta de conocimiento científico, unido a que muchos estudios no tenían en cuenta un aumento de las emisiones de dióxido de carbono en el futuro, no permitían conocer el efecto a largo plazo. En 1957 Roger Revelle, que creía que si las emisiones de CO2 continuaban aumentando el efecto sobre el clima sería importante, advirtió: 

“Los seres humanos están llevando a cabo un experimento geofísico a gran escala que no podría haberse producido en el pasado ni podrá reproducirse en el futuro” [3] 

A finales de los años 50, algunos científicos empezaron a alertar a la prensa y al gobierno de que las emisiones continuadas y crecientes de dióxido de carbono podrían tener consecuencias serias. Se había comprobado que, al contrario de lo que se creía, el océano tardaría miles de años en absorber las emisiones actuales, con lo que la concentración de este gas en la atmósfera continuaría creciendo. En 1960, Kevelle  desarrolló un método para medir con precisión la concentración de dióxido de carbono global mediante mediciones en la cima del volcán Mauna Loa, en Hawái. Así, pudo demostrar de manera irrebatible que las concentraciones de este gas aumentaban año a año y cada vez más rápido. 

Más y más evidencia se fue acumulando sobre las consecuencias para el clima de las crecientes emisiones de CO2. Las mediciones de carbono-14 demostraron que el carbono proveniente de los combustibles fósiles se estaba acumulando en la atmósfera. Simulaciones por ordenador cada vez más precisas corroboraban el efecto de los gases de efecto invernadero en la temperatura del planeta. El hielo preservado en la Antártida durante cientos de miles de años permitió comprobar que las glaciaciones coincidieron en el tiempo con concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera más bajas. Además, la concentración de CO2 en la atmósfera por aquel entonces ya era considerablemente superior a la de cualquier medición sobre el hielo, es decir, récord a lo largo de 400 000 años.  

 Pero ni los gobiernos ni las empresas estaban interesados en frenar el desarrollo económico a cambio de evitar unas consecuencias que tardarían décadas en manifestarse. A los políticos solo les interesa el resultado de las elecciones, y a los inversores, los dividendos a corto plazo. En los años 70, ExxonMobil disponía de predicciones sólidas sobre el cambio climático, mientras que insistían en menospreciar los estudios que se publicaban. Es más, el lobby de las petroleras sobornaba a políticos en todas partes para asegurarse de que las normas medioambientales no perjudicasen su negocio.

La lucha contra el cambio climático

En 1992 se creó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (siglas en inglés UNFCCC), cuando la concentración de CO2 medida en Mauna Loa fue de 356 ppm. Se estableció como objetivo que las emisiones globales de gases de efecto invernadero (no solo el CO2) en el año 2000 fueran, como máximo, las mismas que en 1990. Sin embargo, este objetivo fue revisado posteriormente. Finalmente, el protocolo de Kioto, firmado en 1997, estableció que en el periodo 2008-2012 las emisiones en conjunto de los países participantes debían reducirse un 4,2% con respecto a los niveles de 1990. El resultado final fue una reducción del 24,2%, en gran medida como consecuencia de la crisis económica de 2008. Sin embargo, las emisiones globales aumentaron un 32% entre 1990 y 2010, como consecuencia del efecto de países no firmantes. Por tanto, en 2012 la concentración de CO2 en Mauna Loa alcanzó las 394 ppm.

De nuevo la misma gráfica que al inicio del artículo.
Concentraciones de CO2 atmosférico medidas en Mauna Loa (Hawaii)

Tras tres años sin ningún protocolo en vigor, en 2015, con una concentración de CO2 de 401 ppm, se acordó tomar las reducciones de emisiones necesaria para limitar el aumento de temperatura global por debajo de los 2ºC, e intentar limitarlo a 1,5ºC. Sin embargo, el acuerdo establece que cada país decide de manera voluntaria sus objetivos de reducción de emisiones y tampoco hay ningún tipo de sanción en caso de incumplimiento. Y no parece que se vaya a alcanzar el objetivo de los 2ºC de aumento de temperatura, dado que las emisiones de CO2 en 2023 continúan aumentando.

Bibliografía

[1] Steven Sherwood; Science controversies past and presentPhysics Today 1 October 2011; 64 (10): 39–44. DOI: 10.1063/PT.3.1295

[2] Spencer Weart: The Discovery of Global Warming. American Institute of Physics. April 2022.

[3]Roger Revelle, Hans E. Suess. Carbon Dioxide Exchange Between Atmosphere and Ocean and the Question of an Increase of Atmospheric CO2 during the Past Decades.Tellus, 9: 18-27. DOI: 10.1111/j.2153-3490.1957.tb01849.x

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